El gran Freddy Mercury. El mejor vocalista de la historia del rock. ¿Exageración? Quizás, pero es EL frontman por excelencia. No desprestigiamos en ningún momento la magia de Brian May o la fuerza de Taylor en la batería. Pero era ver a Freddy entonar los primeros versos de Bohemiam Rapsody y la baba fluye por sí sola.
Es indescriptible como era capaz de susurrar y a los dos segundos cambiar la textura y mantener una nota de lo más jodida sin apenas inmutarse. Hay muchas cosas que me gustan de Freddy Mercury. Su cuidado atuendo. Su capacidad para ser un icono del rock casi sin proponérselo. Su, aparentemente, sencillez para sellar un estilo que ha marcado a generaciones (e imitado, sin éxito, por las mismas).
Suyo es el imperativo categórico principal de muchas de las estrellas del rock: el show debe continuar. Un ejemplo de artista hasta las últimas consecuencias. Para el recuerdo queda la oda a la amistad Friends We´ll be friends, su himno We are the champions. Pero también complejas obras de ingeniería musical, como Inuendo o sensacionales muestras de sensibilidad como Love of My Life.




