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Empiezan a surgir las primeras voces discordantes respecto a uno de los grupos que más de acuerdo ha puesto a crítica y público con un disco debut (el único que ha entrado en la lista de ventas en lo que llevamos de año) desde hace tiempo. Y eso es lo mejor que le puede pasar a una banda: tener admiradores y detractores, inequívoca señal de que han hecho las cosas bien. O, por lo menos, de que han conseguido no dejar indiferente a nadie y que todo el mundo quiera tener una opinión sobre "ese grupo que imita a Vetusta".
No entro en eso, porque me parece absurda la comparación. Aunque no estaría de más matizar que, ya hablando de ambas bandas y sus influencias conjuntas, Thom Yorke no sólo ha influido a Vetusta Morla o a Supersubmarina, sino a cualquier individuo que haya decidido hacer música rock en el siglo XXI. Eso, si no has estado metido en un búnker desde el atentado de las Torres Gemelas.
Por la edad, el entorno, sus vivencias, a los temas de estos chicos de Baeza les falta la gravedad de quien ha cumplido treinta primaveras. Sin embargo, escuchando Electroviral sin prejuicios, éste gana enteros a la hora de transmitir frescura, vitalidad, energía y rabia contenida. Y por supuesto, las inseguridades propias de "los abajo firmantes". Centro de Atención, XXI o Ana destilan un cierto halo melancólico, nostálgico. En la primera, de forma mucho más explícita, cierto descontento plasmado con la total seguridad de quien está totalmente inseguro y dubitativo de todo.
Instrumentalmente, han aprendido bien los estructurados apuntes que les brindaron sus colegas de generación. Los Strokes de Is This It, los Editors menos experimentales, el talante épico (que, de momento, no técnico) de los Muse, incluso la faceta más poopie de Bloc Party (Hunting For Witches, por ejemplo). Incluso, por poner un símil nacional, hay un referente claro en uno de los discos conceptuales del último gran pop de guitarras español: Cronolánea, con el que Electroviral comparte en muchos de los temas su filosofía atemporal.
El disco se sustenta en un innumerable puñado de estribillos radiables y cañeros por centímetro cuadrado que podrían explotar con la misma contundencia en un Low lleno de modernos o en Los 40 principales, destacando por encima de la media en ambos ambientes. Hay de dos clases: los enérgicos y rabiosos, los épicos y bonitos. Entre los primeros está Eléctrico, introductoria, muy DNI, algo parecido a una descarga, ya sabes... El de Ciento Cero, una bomba que destila realismo cómico, oscuro, epiléptico y panorámico. XXI, un single potencial -de momento no lo es- diseñado para que te explote en la cara, una declaración de intenciones y objetivos: "se reflejará en nuestras caras el brillo de la verdad", "se abrirán las puertas que aún no han estado abiertas", "vamos a dejar bien alto el pabellón". Quizás todo muy prediseñado, pero también muy efectivo. Y Ola de calor, que en el álbum es tan espectacular como en concierto.
Entre los segundos, LN Granada, más épica, más grandilocuente, decadente y esperanzadora en su texto, involuntariamente poética y fácilmente memorable: "y bailar con la muerte no es buen plan". Niebla, una canción premonitoria: "piensa que, si un día ella no está, echarás de menos hasta su mal humor". No la escuches si acabas de dejar a tu novia o te identificarás demasiado con ella. O hazlo, y así tienes un tema de referencia que te rondará la cabeza hasta que lo repudies. Yo aviso, en tu mano está. Si la escuchas desde la atalaya, es de lo mejor de su repertorio. Y cómo no, Supersubmarina, inmensa en su misma concepción; Ana, retratista, en tercera persona, o Elástica Galáctica, la más maquetera en lo que a producción se refiere.
No han inventado nada. Que todo el mundo lo tenga claro. Si acaso, su aventura de cantar en castellano es un efecto más de la globalización que un paradigma conceptual y novedoso. Como algunas de las grandes bandas del siglo XXI han firmado un primer disco perfecto, irreprochable, entendiéndolo siempre en el momento, situación, entorno y contexto en que se encuentra el grupo en estos momentos. Les queda todo por aprender, todo por demostrar, todo por desarrollar. Será un placer verles crecer, esto no ha hecho más que empezar…






