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Seguro que alguna vez has tenido un domingo de esos raros en los que no tienes nada que hacer, y, si no es así, dejas lo que sea para repartir las tareas a partir del fatídico lunes. En mi caso, este disco lo descubrí en una de esas tardes de domingo raras que los Amaral cantan en una de sus canciones. Esas en las que no tienes otra cosa mejor que hacer que perder el tiempo.
La grandeza involuntaria de este álbum es que, si cuidas el momento, las canciones que lo componen te enganchan. Este disco nace por y para esos momentos. No tiene por qué ser un domingo, basta con que dispongas de los minutos necesarios para prestar atención a un disco de rock and roll elegante, cuidado, bastante homogéneo y suficientemente adictivo para que le des una segunda oportunidad a posteriori, aunque éste no sea ni británico, ni indie, ni electrónico, ni carne de radio fórmula.
Gustavo y Rodolfo son dos hermanos que vienen de Pedro Bernardo (Ávila) y tienen un bagaje musical que desprenden a lo largo de este puñado de buenas canciones. Nuevo Mundo es un disco muy bien grabado para ser un debut, con un tratamiento del sonido y un mimo en los detalles que se materializa en unos arreglos que encuentran, en la sencillez y la simplificación, el encanto necesario para que las canciones no te abandonen una vez entran en tu cabeza.
Su repertorio, cuidado y amable, destila el gusto por el sonido de los grandes clásicos de segunda línea: Harper, Knopfler, por poner un ejemplo en temas como Dirección Sur o Las noticias. Me vendiste la moto es la salida de guión más acentuada, la vacilada más rock and roll de todo el álbum, aunque el disco en sí es purito sonido de club americano, este baja un poco a Latinoamérica sin perder el punto clásico y accesible, marca de la casa.
Uno piensa en Desorden y puede visualizar al dúo, guitarra en mano, por los pubs más oscuros y recónditos de EE.UU. Esos de olor a cerveza, humedad en el ambiente y seguridad dudosa. Y a la vez, Te gusta gustar es tan cálida como todo el repertorio de los Beach Boys.
Nuevo Mundo rezuma la calidad de esos discos que no escuchas todos los días, pero tienes que recurrir a ellos cada cierto tiempo casi por necesidad. Su condición atemporal, les desmarca de los circuitos habituales, pero les acerca a los paladares más tradiciones. Lo comido por lo servido Si encuentras el espacio y el lugar adecuado, este disco te encantará. ¿Lo peor de todo? Que, si no estás por la labor, pueden dejarte indiferente...



