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IVÁN_FERREIRO_Picnic extraterrestre

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No se le puede pedir a un creador que entregue una obra de arte cada dieciséis meses. Porque, afortundamente, si por algo se caracteriza el mundo de la música, las trayectorias de los genios, es por la inestabilidad de las mismas, la irregularidad. Iván arrancó arriba con uno de los discos más bellos que se han firmado en castellano en la pasada década (Canciones para el tiempo y la distancia). Mentiroso, mentiroso siguió la estela, quizá su ingente contenido, su excesiva duración era la única pega que se le podía poner a otra notable colección de canciones que confirmaba que Iván es, con o sin Piratas un autor imprescindible para nuestra generación. Bien, pues retened esa idea en todo lo que viene, porque Ferreiro, haya hecho lo que haya hecho (que tampoco es ni tan bueno ni tan malo) lo sigue siendo, por derecho propio. Dos años largos después de su segundo largo (en todos los sentidos) llega Picnic extraterrestre y... la verdad es que la cosa va en otra dirección, no para abajo ni para arriba, simplemente transita por otro camino que, de momento, no termina de convencer, por lo menos en las primeras escuchas.

Disco 'Picnic extraterrestre' de Iván FerreiroIván Ferreiro ha hecho un disco lleno de dardos. No de los que dejan una marca que cicatriza, sino de los que hacen daño, de los explícitos. No se puede decir que Picnic extraterrestre sea un disco bonito, delicado. Quizá sí íntimo, pero no bonito. En muchos momentos, el nuevo disco del vigués es desagradable, incómodo, inaccesible, tanto como el momento vital que nos rodea en estos momentos. Y no tiene por qué ser malo, la rabia y la energía que siempre ha caracterizado al músico ahora se canaliza por conductos diferentes. La gran pega: el del obviedad aparece en el noventa por ciento de los casos.

Dentro de esa incomodidad, hay perlas como Farenheit 451, que se lleva la palma por explícita. Una especie de revisión, un logrado (aunque desmesurado) ejercicio de estilo que tomara como referencia la inmensa Ciudadano A, para banalizarla y despojarla de toda su poética. Eso sí, como single, con esa cadencia fría, emotiva del texto en su inicio es la mejor opción para exponerla como sencillo. Cabaret es notable, con un punto notablemente adictivo y un inicio suficientemente atmosférico para enganchar. Relamida se nutre de su faceta más experimental, se notan esas investigaciones de su autor.

Sin embargo, hay más de un tema que chirría en el grueso del álbum: La Jetéé, por ejemplo, o la muy desorientada Paraísos perdidos. Da la sensación de ser un disco nacido de la oscuridad, de la frustración, de la irascibilidad de su autor... pero Ferreiro produce y saca más tedio que fascinación de todos esos sentimientos encontrados, de su extraño enfado con el mundo exterior.

El disco no es malo, que conste. No todo es negativo en su obra, se agradece el cambio de rumbo, los 'timonazos' a los que nos tiene acostumbrados, y eso que es difícil en un autor que ha hecho de sus cualidades vocales (personales, personalísimas... pero limitadas) una de sus señas de identidad. Pero hay demasiado contenido vacío, demasiada furia sin sentido, demasiadas canciones que se alejan demasié de la frescura y los soplos esperanzadores de aire que suelen caracterizar las canciones de Ferreiro, que esta vez deberían haber pasado una criba más estricta. Definitivamente, la obra más floja de la carrera de un genio.

 

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