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MUSE- Palacio de los deportes de Madrid – 28 de noviembre de 2009
Describir con palabras un concierto como este es, ya de entrada, una temeridad, quien estuviera en dicho recinto entenderá que las sensaciones allí vividas fueron de vértigo, emoción y sorpresa a partes iguales a pesar de la gran información con la que partíamos ya de antemano gracias a esa maravillosa herramienta llamada Youtube.
Cuando el talento, la genialidad, la sensibilidad, la juventud, un grado de locura y descaro unido a mucho trabajo y ensayo se juntan, sólo puede salir un resultado de máxima calidad y garantía de éxito seguro. Si a todo esto le añadimos el componente visual de una puesta en escena apabullante con tres torres lumínicas que tan pronto elevaban como depositaban a sus protagonistas en el suelo con proyecciones en ellas a modo de pantallas gigantescas, esto ya es un lujo faraónico que nuestras pupilas han retenido para siempre y nuestros oídos han archivado como caviar musical para la posteridad. Quizá el concierto del año y para algunos algo más incluso.
En qué radica el éxito de una banda como Muse, pues en todo lo anterior expuesto y en una serie de canciones que cada una de ellas son un auténtico hit de éxito masivo en tiempos pretéritos y actuales, un sonido imponente e impecable y un carisma y virtuosismo unido a una voz excesiva, histriónica pero deliciosamente atractiva y rica en matices. No podemos olvidar que el hecho de haber formado parte de la B.S.O. de Crepúsculo les ha acercado incluso a generaciones que quizá aún no habían oído hablar de ellos, haciéndoles unirse a la gran masa de fans en todo el mundo.
El concierto
Precedidos por los teloneros Biffy Clyro que cubrieron el expediente con pulcritud arrasaron desde el minuto uno los de Teignmouth. Elevados como dioses en el Olimpo de la Música iniciaron lo que meses atrás llevábamos soñando desde que se agotaron las entradas antes incluso de publicar el magnífico The Resistance, el sueño de un espectáculo sin precedentes. Sonó Uprising, como un cañonazo aunque no en toda su intensidad, pequeño fallo de sonido arreglándolo con profesionalidad en breves segundos, aunque pudo haber sido todavía más impactante su efecto al caer el telón que cubría las tres torres sobre las que sin miedo al vacío destapaban el secreto mejor guardado sobre su puesta en escena. Parece un error quemar el primer cartucho del single de éxito y memorizado por el colectivo "musero" nada más salir, pero qué es eso si tienes unas cuantas canciones tan buenas o mejores en el mismo disco y en los anteriores.
Karaoke colectivo desde la primera hasta la última canción, todo el mundo botando, cantando, una marea humana se vislumbraba desde el graderío envidiando la posición de las primeras filas que sus sudores y empujones sufrieron para poder vivir el delirio en su máximo estado. Más que cantar se gritaba y se proclamaba como en un mantra colectivo ese We will be victorious.
Fin de la primera canción, el público en el bolsillo, entrega total mutua y ya todo fue rodado. Con un disco tan heterogéneo, de cinco estrellas y grabado con tanta libertad en el lago de Como y producido a sus anchas se puede estar algo más que tranquilo viendo cómo se codean entre el público gente de todo tipo de procedencias, edad y tribus urbanas perfectamente encajados sin que a nadie extrañe este collage humano. ¿Humano? Estos tíos no parecen humanos con tanta perfección en un directo impoluto como cronometrado sin perder un ápice de intensidad y de verdad.
Sin tregua para recuperar el aliento van cayendo himnos, temazos como: The Resistance, evocando a Queen y casi imaginamos a Matt Bellamy luciendo el cetro de Rock Star a la altura de cualquiera de los más grandes con esos alardes vocales arriesgados y siempre a tono. Todo el mundo de acuerdo y aplaudiendo al unísono.
Nos embriagan New Born, Map of Problematique, Supermassive Black Hole, un festín para los sentidos, una orgía de sonido apoyado en el impacto lumínico rojo y verde de láser que traspasa el Palacio de los deportes como en una película espacial donde los protagonistas son tres seres de otro mundo que dejan petrificado a un pueblo entero que agita sus brazos como pidiendo clemencia. Imposible huir, estamos totalmente enganchados a este efecto imán grandilocuente y bello.
Ahora es Feeling good, lenta y sinuosa como una hechicera que se va deslizando por los cuerpos que se entregan en baile sensual al compás de sus acordes, en las tres torres aparecen preciosas imágenes de la madre naturaleza en otoño, colores para música policromática y etérea.
Llega la llamada Helsinki jam, imponente descarga de adrenalina de batería con bajista elevándose de nuevo en la misma plataforma desafiando al vacío y girando a su vez y bajando de nuevo hasta el escenario mostrando que sólo dos músicos pueden hacer mucho ruido y dejar a todo el mundo atónito ante tanto poderío.
Undisclosed desires, próximo sencillo que surte el efecto esperado en el respetable, todo el mundo se la sabe ya cómo no y esto va directo a lo más grande, a la épica y brillante Starlight. Cómo suena, qué preciosidad de voz y tonos. Matt está increíble. Tan pronto toca la guitarra como el piano durante la noche con una perfección inaudita, canta con unas facultades que no se ven en ningún momento mermadas por el cansancio y el paso del tiempo de concierto. Christopher Wolstenholme al bajo, al teclado y en coros es un crack, no olvidemos que llevan un teclista de apoyo discretamente emplazado al fondo del escenario y que cumple con su función con eficacia y a la altura de sus compañeros, Dominic a la batería es una máquina de matar, desarrolla una fuerza inusitada en un chaval tan delgado y aparentemente como Matthew Bellamy como carente de energía y eso sólo es una apariencia, la realidad demuestra cuánto atesoran dentro.
Unnatural selection resulta envolvente y mágica, estamos agotados de tanto saltar pero merece la pena darlo todo, hoy es una noche histórica y el tiempo lo demostrará.
Sin tiempo para digerir tantos temazos unidos llega la parte más tranquila y para algunos delicatessen y para otros tostón, aquellos menos acostumbrados a la música clásica quizá. Comienza la majestuosa Exogénesis parte 1. Hay que saber paladear este manjar que fruto de la mente privilegiada de Matt y cuyos estudios clásicos de piano le permiten tratar de tú casi a músicos como Rachmaninov, Saint Saëns o Chopin. Aparece como sinfonía en el disco al final con tres partes. Sencillamente delicada e idónea intro para lo que se perfila como el final del sueño de una noche de otoño.
Tres perlas terminan la joya de la corona: Stockholm syndrome, Man with a harmonica y Knights of Cydonia, que termina con unos chorros de humo que nublan los sentidos y nos hacen dudar si lo que hemos vivido ha sido real.
Muy corto el concierto, podría haberse estirado un poco más la banda y regalarnos un bis más, pero eso quizá lo podamos degustar en próximas visitas que a buen seguro van a ser recibidas como ellos merecen, llenazos y entrega sin límites. Nos han conquistado el corazón para siempre. La grandeza de Muse bebe del rock, del pop, del afterpunk, de la música clásica, futurista y experimental. El concepto personal del sonido emblemático de Muse es ya inclasificable pero fácilmente identificable, tanto como las caras de felicidad de los presentes enfilando la vuelta a casa.
Fotos: Muse oficial y Sesiongolfa.com
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