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FITO & FITIPALDIS - Palacio de Deportes de la CAM - 29 de diciembre de 2009
Niños, jóvenes, parejas enamoradas, colegas, empresarios, borrachos, intelectuales, heavys. Qué coño Gran Hermano. Si quisieran, de un concierto del señor Fito Cabrales se podría hacer un estudio sociológico de la hostia. Y es que esta banda, de probadísima eficacia y poder de convocatoria, comparte con Amaral el target más heterogéneo del rock español.
Tres. No una ni dos. Tres (una, dos y tres) noches llenó el Palacio de deportes de Madrid el tipo bajito y tímido de moda de la música española. En números: 46.500 devotos que han comprobado de primera mano el directo más alabado de toda la Península. Un Vicente Calderón. Dos Plazas de toros de Las Ventas (y medio aforo de una tercera). Los únicos capaces de conseguir estas cifras actualmente. Los tíos perfectos. Y sin ningún tipo de doble sentido. Palabra. No se les puede reprochar nada, al menos como músicos. Perfectos ejecutantes, sensacionales intérpretes, hábiles improvisadores. Impolutos. La banda de rock and roll más rodada y contundente de este país pese a las nuevas incorporaciones.
Por eso, aun con un disco que emociona poco (casi nada), un concierto de Fito & Fitipaldis es muy difícil que defraude. La apuesta más segura por el rock and roll como diría el honorable zaragozano Mauricio Aznar. La prueba incuestionable: el número de sonrisas por metro cuadrado. De las tres noches, esta era quizá la de "los menos fan". Las últimas 15.500 personas en pasar por caja. Bien los que, ni a tres tirones, fueron a por la entrada, bien los que se han subido al carro a raíz de este último disco.
Ni con un triplete se apoca la voz del bilbaíno. La primera en caer, potente, como si fuera un himno, aunque desgraciadamente es una fidedigna declaración de intenciones: Antes de que cuente diez. Todos en pie, como una masa homogénea y entregada al nuevo (anti)héroe nacional del rock español. Fito da una visión sencilla de su universo en sus canciones. Por eso conecta con el respetable. Perro viejo tirando a anciano en directo, sabe qué teclas tocar para que su público tenga, simple y llanamente lo que en cada momento se espera de él. Y por lo que vimos anoche, esta cita navideña empieza a ser tan habitual como la del calvo de la lotería (cuando exisitía).
Sucesión de éxitos: Un buen castigo, Por la boca vive el pez, Que viene y va. Todas de discos anteriores. Todas elevadas a la categoría de clásicos, aunque algunas, apenas tengan tres años. Sin descanso, suena Me equivocaría otra vez, precedida de un oscuro hammond que es para flipar del sonido que tiene. "Es bueno este Fito", se oye por los alrededores. Con dos cojones, Fonseca. Sólo han hecho falta cinco discos en solitario y algunos más con Platero para que se valore a un grande de una forma tan … tan. Dejémoslo ahí.
Sonaron algunos de los temas de su nuevo álbum: Catorce vidas son dos gatos, que para el simpático muchachote de detrás es "la canción más ah! ah! de este tío" y para la pareja de delante, la excusa perfecta para palpar las gargantillas. Mientras, Fito se desgañita y tira de garganta (que no gargantilla) para este baladón. Después suena Deltoya, tema con el que muchos le miran con cara de odio y otros de admiración. Claro, de todo tiene que haber. Pero si haces una versión, para dejarla igual, no la hagas... ¿no?
En el ecuador, canta eso de "quiero beber hasta perder el control", se marca seguidas sus dos obras claves (no digo maestras porque a lo mejor me comen sus fans más talibanes): La casa por el tejado y Soldadito Marinero y entre medias, aprovecha para presentar a su banda, que cuando se ponen a tocar en plan "estamos tocando por gusto, no interpretando una canción", todo cobra otra dimensión.
Pocos complejos pretéritos le quedan al de Bilbao. Lo comprobamos cuando, a guitarra y voz, entona Al Cantar. Y entonces sí que todo el Palacio enmudece y le da su consentimiento. Algunos en silencio, otros con el brillo de sus ojos, otros más explícitos: "Déjate de mariconadas y vuelve con Platero". Sí, querido amigo, pero tú has pagado 30 euros por verle, así que no te debe de disgustar mucho…
Abrazado a la tristeza, una gira más, es el momento más intimo y emocionante de la noche. "Menos mal que con los rifles no se matan las palabras" y las 31.000 manos del Palacio (dos por persona, se entiende) se golpean en un fuerte estruendo. Todo de cara para el triunfador del año en directo.
Suena Acabo de llegar, con Javier Azola coronándose por quincuagésima cuarta vez en la noche y todos quedan satisfechos. Por tercer año no consecutivo, Fito (que es calvo, a pesar de la boina) sustituye al de la lotería y regala (es un decir) una lección magistral de rock and roll. ¿Qué es lo mismo detalle aquí, detalle allí de una gira a otra? Sí, pero eso lo sabíamos antes de acudir al concierto. Y como dice en una de sus últimas canciones, "con la que está cayendo, qué necesario es el rock and roll". Aunque sea repetitivo.
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