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Havalina – Sala Caracol – 5 de marzo de 2010
Marco incomparable el de la Sala Caracol (luces, proyecciones, buen sonido, escenario grande) para la presentación oficial o la más multitudinaria al menos, de Imperfección, segundo disco de Havalina -sin el Blu, se entiende- desde que saliera hace casi doce meses a la venta. Quinientas personas (no sé si agotaron entradas, pero el local estaba bastante cargadito tras la actuación de Autumn Commets) se dieron cita para presenciar un bolo espectacular de cerca de dos horas en el que se puso de manifiesto varias cosas.
Un escenario así no lo puede llenar cualquier grupo. Havalina, con "h" aspirada, sí. Tienen todas las cualidades para perdurar en el mundo de la música. Porque sus conciertos son espectaculares y ellos una banda que sobrepasa el límite de la perfecta cohesión en todo momento. Y además, están transitando actualmente por unos senderos experimentales, oscuros, innovadores… que les conducirán sin pagar peaje al olimpo del rock nacional (de culto, eso sí, que es una putada).
En su show hay raza, furia acumulada de muchos años en el underground, experimentación, psicodelia, oscuridad y mucha, mucha (im)-perfección, técnica y sónica. Desinspiración es espectacular, diez minutos en trance que legitiman su condición de artesanos de lo eléctrico, las arábicas guitarras de Manuel son el contrapunto perfecto al hilo conductor más logrado de todo el concierto y a una obra maestra en toda regla.
Sonaron muchos temas de su último disco: Miedo al agua, Sueños de esquimal, Imperfección, Incursiones. Estrenaron una canción que incluirán en su elepé: Las hojas, muy acústica en su inicio, sobresaliente y espectacular en su final. Como una apisonadora, se marcan una "versionaca" de Black Sabbath que pone los pelos de punta – y las cabezas en posición afirmativa- y tiran de Pucho (Vetusta), colega suyo primero, gran –y personalísimo- cantante segundo, para compartir con ellos uno de sus temas. Y es un momento especial que se queda grabado en la memoria.
Todo muy medido, todo muy correcto, y además electrizante, como si de un espectáculo de trascendencia internacional estuviéramos presenciando. Efectivamente, pocos grupos con tres instrumentistas (Los We are Sciencestists, por poner un ejemplo "basicote") son capaces de sonar con esta contundencia. Y además, Manuel (y también Ignacio), sonríe, da las gracias tímidamente y no se termina de creer la respuesta del respetable entre canción y canción, pero es empezar el tema y su semblante, su actitud cambia por completo. Javier se limita a fumar (además de tocar como un crack, se entiende).
Lo máximo que se le puede pedir a muchos de los grupos actuales lo tienen ellos en su mismo punto de partida. A partir de aquí, la sensación o la certeza es que Havalina podrán firmar buenos discos, malos, regulares, más o menos inspirados, pero jamás a la altura de su directo, uno de los mejores de una banda de rock nacional en estos momentos.
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