Delco y Pájaro Sunrise - Teatro Lara - 31 de mayo de 2010![]()
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Lo cierto es que no deja de chocar que un escenario tan particular (y acogedor) como el del Teatro Lara haya empezado a programar conciertos, y mucho menos, teniendo la feliz idea de hacerlo con buenos grupos. Anoche se materializó la prueba evidente de esta iniciativa: Delco y Pájaro Sunrise sobre el escenario con una buena entrada para ser lunes: doscientas personas.
Con algunos minutos de retraso, Delco abrió la velada haciendo gala de un sonido limpio, directo y personal. Hijos del sonido de la América árida y profunda (nadie habla aquí de ideología, sólo de personalidad sonora), tienen muy poco que comerse por estos lares. Una pena, porque no es que suenen bien y sean superiores a la media, es que se han estudiado al dedillo los primeros discos de Wilco, tienen unos ramalazos descarados a lo Flaming Lips, y, a la vez, una de las mejores canciones de su carrera y del último rock melódico de guitarras: Is It Ok If I Hate You.
Eso sí, antes de llegar a ese clímax caen otras muchas. If Required y Wishlist, las dos primeras en sonar, son buena prueba de la fuerza de las cartas que ponen sobre la mesa. Molan cuando se van al extremo, cuando explotan su faceta más experimental. Suena Bonpensiero, la más cañera y contudente de su segundo largo; Credit (quizá la más oscura) o Fireworks & Jacuzzi Blues y dejan claro que, si algo han perfilado en estos años, es la claridad de todos los instrumentos, el estilo propio que hace de Guts una pieza inmensa que con la acústica del teatro se crece de forma notable.
Venían del Primavera Sound y Manu Piñón, su cantante, estaba considerablemente ronco (al menos cuando hablaba). Poco importó, los madrileños ofrecieron un concierto urgente, frenético, identificativo, menos intenso que uno suyo exclusivamente. Aunque es justo lo que se espera de unos artistas invitados, que anoche no lo fueron tanto, aunque Pájaro Sunrise se saliera de todas todas.
Y es que esta banda no es de este mundo, directamente. Ni de resaca (que su vocalista y guitarrista confesó unas cinco veces) puede decirse que Yuri Méndez no pusiera toda la carne y, sobre todo su sensibilidad vocal, en el asador. Y la sorpresa se hizo para quien firma. No hay comparación entre un directo suyo y sus labores en estudio. No hay comparación entre los bellos ejercicios de agradable pop folk que ha hecho en su valiente doble segundo largo y los intimistas y minimalistas detalles que la banda al completo (violín, teclas, acordeón y bajo) escenificó sobre las tablas del Teatro Lara.
Así empiezan a sonar inmensas canciones tanto de este disco como del anterior: Salt & Spoon, Disabled, para poco a poco conectar con el público, crecerse y dejarles boquiabierto durante la hora y cuarto que dura el concierto con los elementos mínimos puestos al servicio de la genialidad de su autor, de apariencia y presencia escénica simplona, mucho más de lo que luego deja entrever en cada una de sus composiciones.
Increíble el grado de perfección, de cercanía y conexión de Old Goodbyes, el tema más escueto del concierto, sólo a guitarra y voz, seguido de la preciosidad de 11 Days con el acordeón que se marcan en toda la noche. Suena Drunk (con la risita del respetable), Done o The things you Cherry Most y uno llega siempre a la misma conclusión: el concierto está siendo inmenso. Y desde luego lo fue, se puede expresar con pocas palabras lo que hicieron sobre las tablas. Lo mejor es verlos in situ, lástima que no todos los días se pueda conseguir el clímax del teatro, la acústica que te hace escuchar hasta la mínima respiración, el mínimo movimiento, incluso el abrir de una lata de cerveza. El mejor concierto que hemos visto en estos cinco primeros meses del año, sin ninguna duda.
No se trata de ponerse tremendista, pero nada más terminar el bolo de anoche, lo primero que se me vino a la cabeza es que, si dentro de treinta años alguien identifica a bandas como Delco, como Pájaro Sunrise, como Havalina, Tulsa u Hola a Todo el Mundo, por poner sólo los ejemplos de los músicos que allí se concentraron tocando o presenciando el bolo con la escena y la historia musical de nuestro país, como parte imprescindible de la misma, significará que por lo menos en algo habremos avanzado.

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